Día 1 - deja que empiece el viaje
Tan pronto como te registres, deja tus bolsas y ponte a ello de forma inmediata. Realmente deberías ver tanto de París como te sea posible.
Haz tu primera parada en Montmartre y la sorprendente basílica del Sagrado Corazón. Además de ser el lugar en el se encuentra la hermosa basílica, esta zona es el hogar de numerosos artistas. Los verás por todas partes con sus caballetes y bosquejos, ¡pero ten cuidado con los venderos ambulantes! Te acosarán para que les dejes pintarte un retrato. Simplemente no les hagas caso desde el principio y, en caso necesario, diles que no. A menos, claro está, que desees llevarte un retrato muy caro...
Es una buena idea aprovechar uno de los servicios de autobús turístico que inundan la ciudad y te dejan en este barrio en muy poco tiempo. Te llevan a los principales puntos de interés y puedes pasar el tiempo que quieras en cada uno de ellos. Sin embargo, debes tener en cuenta que las colas para muchos de ellos son una locura, especialmente en la Torre Eiffel y en el Louvre. Un pequeño truco secreto para la Torre Eiffel es subir las escaleras hasta el primer nivel y luego tomar el ascensor: es mucho más rápido y barato.
Para tu primera salida nocturna te recomendamos la Bastilla. Este lugar cuenta con una excelente selección de restaurantes y una mezcla ecléctica de locales, de modo que no te faltarán sitios para comer o beber. Sin embargo, un sitio que merece la pena visitar es Le Lèche-Vin. No se trata del pub más impresionante de la ciudad, pero sin duda es uno que no olvidarás. Además, las pintas de Kroneneberg son especialmente baratas, lo que es un motivo definitivamente bueno para visitarlo. París es caro y tomar copas es lo que más mermará tu presupuesto.
Día 2 - de visitas
Recomendamos empezar el día dos en una de las calles más famosas del mundo: los Campos Elíseos. Date un capricho con un desayuno en una de las numerosas cafeterías que se encuentran a ambos lados de la calle y vete de compras. No es el lugar más barato del mundo para comprar, pero es inevitable. Pasea hasta el Arco del Triunfo, situado en los Campos Elíseos, y, para una disfrutar de una impactante vista de la ciudad, sube los 292 escalones hasta la parte superior, donde hay un excelente mirador.
Cuando hayas recuperado el aliento, dirígete a la Explanada de los inválidos. La enorme cúpula dorada es inconfundible y puede llegarse con facilidad en metro desde los Campos Elíseos o, si te sientes lleno de energía, puedes llegar a pie. Luis XIV la mandó construir como hogar para los soldados heridos y es uno de los museos más ricos de este tipo del mundo. Cuenta con una selección incomparable de armaduras, armas, uniformes y arte. Sin embargo, es famosa por albergar la tumba de Napoleón Bonaparte.
Una visita completa puede llevarte todo el día dos, por lo que te recomendamos dejar Le Marais para la segunda mitad del día. Con sus pintorescas calles y una arquitectura cuidadosamente restaurada, es como caminar por un museo al aire libre. Cuando estés cansado de tanto paseo te alegrarás de oír que Le Marais es también una de las zonas más animadas de la ciudad tras el anochecer, de modo que hay numerosos lugares en los que terminar la visita y relajarse hasta altas horas de la madrugada.
Día 3 - devoradores de cultura
Para empezar el día siguiente en París, toma el metro hasta la plaza de la Concordia, la plaza pública más grande de la ciudad, y atraviesa a pie el Jardín de las Tullerías, los magníficos jardines que ordenó cultivar Catalina de Medici, para llegar al Louvre.
Podrías pasar semanas en esta galería de arte de fama mundial y muchos lo harían felices. Sin embargo, hay algunas paradas esenciales si no sientes esa debilidad por las bellas artes.
Por supuesto, una ellas es la Mona Lisa, que puede resultar decepcionante sobre el lienzo, pero aún así merece la pena verla. Después de esto, si tienes miedo de una sobredosis de "arte", pasea durante una par de horas y visita las dependencias de Napoleón y la colección de artefactos del antiguo Egipto.
Desde Louvre, puedes ir andando a Notre Dame, la catedral medieval más famosa del planeta. El domingo es obviamente el peor día de la semana para las visitas relacionadas con la religión, así que ten eso en cuenta. No obstante, Notre Dame, es muy capaz de acoger grandes multitudes.
Tanto monumento seguramente te habrá abierto el apetito, así que visita el barrio latino para comer algo allí. Las estrechas calles están abarrotadas de restaurantes alegres y baratos, como ocurre también en el mercado que se encuentra más arriba. Asimismo, hay numerosos bares y clubs a los que puedes ir tras la cena. Esta parte de la ciudad es la más popular entre los visitantes y es el lugar de reunión de una maravillosa mezcla de gente cualquier noche de la semana.
Día 4 - castillo de Versalles y el Moulin Rouge
A 20 kilómetros de París se encuentra Versalles. El tren tarda entre 45 minutos y una hora en llegar desde el centro de la ciudad. Esta localidad es conocida por dos cosas: el Tratado de Versalles y el Palacio de Versalles. Este último es el monumento más visitado de toda Francia. Además del palacio, lo mejor de visitar Versalles durante una jornada es salir de la ciudad, lo que siempre se agradece.
El palacio, construido para Luis XIV por su padre, Luis XIII, en 1623, fue originalmente un alojamiento de caza pero, como le gustaba tanto, decidió ampliarlo hasta el enorme palacio que es hoy en día. Hay cuatro entradas al recinto. La mejor para los visitantes es la D, ya que es desde la que parten las visitas organizadas.
Asimismo, en el recinto se encuentran los jardines, siempre en perfecto estado. También puedes visitar el Trianón, que es el pueblo que compró Luis XIV y después demolió para empezar a construir lo que es ahora una sección del castillo. En general, las estancias del palacio están decoradas con un gusto exquisito y el recinto ofrece unas vistas sorprendentes. No debes perderte este palacio en el que fácilmente podrías pasar un día entero.
Gracias a la película ganadora de los premios Oscar en 2001, el Moulin Rouge es ahora famoso en todo el mundo y no solo en París. Antes de la película, era simplemente el local de cancán francés con el que todo el mundo estaba familiarizado. Desde que se inauguró en 1889 numerosos intérpretes famosos, como Ella Fitzgerald, Frank Sinatra y Elton John, han salido a escena con el conjunto de bailarinas. En el espectáculo 60 "Doriss Girls" llevan vestidos con un total de 1.000 plumas. No olvidarás la noche que visitaste el Moulin Rouge, eso es seguro.
Día 5 - en busca de chollos
En función del día de la semana en el que estés en París, si buscas bien, encontrarás muchas gangas en los diversos mercadillos. Conocido como Les Puces, el mejor mercadillo de la ciudad (y podría decirse de Europa) es el de Clignancourt, que se encuentra en el norte de la ciudad. Encontrarás cualquier cosa, solo tienes que tener paciencia para seguir buscándola. Ya estés planeando comprar algo o no, buscar resulta muy divertido.
Es posible que cuando te des cuenta ya lleves medio día en el mercadillo. Eso dependerá de lo bien que se te dé la búsqueda de chollos. Si no te apetece, un paseo a orillas del río Sena es la forma perfecta de pasar la tarde. Hay un paseo que discurre a lo largo de la mayor parte del río que pasa por el centro de París. Un buen lugar en el que tomar este camino es la Torre Eiffel. Desde aquí puedes bajar por el Jardín de las Tullerías, el Louvre y Notre Dame, que es un lugar estupendo para detenerse. Hay muchos lugares en el río para sentarse, organizar tus ideas y disfrutar del paisaje.
Para tu última noche en París, uno de los mejores lugares de la ciudad para restaurantes, bares y cafeterías es St-Germain-des-Prés. Durante los meses de verano esta zona está especialmente animada y cuenta con músicos en directo interpretando todos los tipos de música.