Cómo viajar me ayudó a superar la depresión y amar la vida de nuevo

Cómo viajar me ayudó a superar la depresión y amar la vida de nuevo

Los problemas de salud mental son asombrosamente comunes y pueden afectar a cualquiera en cualquier momento. Os cuento mi caso, por ejemplo. Hace dieciocho meses estaba cursando el semestre final de mi licenciatura, sacaba buenas notas, tenía un novio maravilloso y vivía en la playa con mis dos mejores amigas. Mi vida parecía perfecta… hasta que un día todo cambió. De repente, vivir era algo horrible y agotador. ¿El motivo? Ninguno. Nada tenía sentido. Pero la enfermedad mental tampoco lo tiene, así que si quieres saber cómo superé mi depresión, sigue leyendo…

Travel overcoming depression

Los recuerdos que tengo de ese episodio de mi vida son bastante difusos. Fueron meses de dolor, medicación y terapia tras los que poco a poco volvía a ser yo misma de nuevo. En abril del año pasado, la chica que antes se angustiaba por entrar a las tiendas del pueblo, acababa de reservar un vuelo a Londres. Yo ya había viajado antes: había estudiado en Estados Unidos y me había ido de vacaciones con mi familia, pero siempre había soñado con pasar el verano en Europa al terminar la carrera y al fin volvía a sentir que aquel sueño estaba a mi alcance. ¡No podía dejar de pensar en ello! Empecé a guardar un montón de ideas en Pinterest, leer blogs, imaginar qué me podía encontrar…

Me estaba medicando y había aprendido mucho de los cursos sobre Terapia Cognitiva del Comportamiento y Terapia Dialéctica Conductual. Los doctores estaban satisfechos con mi progreso y había demostrado que era capaz de mantener a raya mi enfermedad mental, así que me dieron permiso para ir. Prometí mantenerme en contacto vía email y me dijeron que si era necesario podía programar sesiones con mi psicólogo a través de Skype. Pero en cualquier caso siempre me aseguré de llevar suficiente medicación y una carta traducida de un psicólogo donde se explicaran mis antecedentes de salud mental.

overcome depression

Sabía que aún me estaba recuperando, pero me sentía llena de entusiasmo y emoción. Estaba a punto de empezar a ver mundo y tenía unas ganas enormes de vivir, algo que hasta hace poco había olvidado por completo. No fui consciente de la proeza que estaba haciendo hasta que el avión despegó de la pista. Aquella chica que siempre salía corriendo de lo que la asustaba, estaba viajando hacia lo desconocido. Mis miedos habían sido sustituidos por la emoción, por la confianza en mí misma, por el amor y por el apoyo de mi familia y amigos.

Para todos aquellos que me lean y estén lidiando con una enfermedad mental, quiero que sepáis que vale la pena abrirse camino ante la desesperación y luchar hasta sentir que eres lo suficientemente fuerte como para reservar un billete de avión. ¡Viajar es la mejor adicción para la salud! Te deja con ganas de más y de ir tras experiencias nuevas. Es sin duda la manera más rápida de crecer como ser humano y darle sentido a tu vida. De hecho, las maravillosas historias que ahora puedo contar sobre mis viajes fueron posibles porque decidí tomar las riendas de mi salud mental.

Para mí, viajar ha supuesto perder el miedo a abrirme al resto del mundo. Me ha ayudado a estar sola en un país extranjero y salir adelante; a compartir habitación y conocer a gente nueva en los hostels con la que he acabado entablando una amistad. A veces también ha significado abrirme y dar a conocer mi historia, ver cómo la gente se sorprendía de que una chica aparentemente extrovertida y de veintipocos años pudiese haber sufrido depresión y ansiedad; pero también me sorprendí al descubrir que mucha gente se sentía identificada con mi historia.

Travel depression

No hay ninguna razón para avergonzarse. En mi caso encajo totalmente en la categoría más susceptible de sufrir una enfermedad mental: soy chica y tengo entre 16 y 24 años, el grupo de edad donde se registra la mayor incidencia de problemas de salud mental en todo el mundo. Las investigaciones también demuestran que la gente joven como yo viaja más a menudo y durante más tiempo que antes, por lo que en nuestro caso además de cuidar de nuestra salud mental también es normal que sintamos ese deseo enorme de viajar. Mi caso es la prueba de que se pueden hacer ambas cosas. Es más, viajar por diferentes países se puede convertir en un antídoto muy efectivo contra la ansiedad y la depresión.

El año pasado pude visitar un total de 18 países, una experiencia que significó lanzarme a hablar español “macarrónico” en Perú con una dulce señora que vendía fruta en la calle, o con un taxista que presenció el ascenso y la posterior caída del régimen nazi en Alemania. Supuso viajar a lugares que nunca habría imaginado; encontrar la belleza en un pueblo brasileño casi abandonado; preguntarle a un señor que vivía en las montañas de los Andes qué es lo que le hacía más feliz. Significó montar a caballo por debajo de un imponente volcán en Ecuador; compartir secretos con nuevos amigos; beber vino al calor de una hoguera en Argentina; hacer el pino puente bajo la Torre Eiffel en París; devorar pasta en Roma; tomar el sol haciendo topless en España; o ser uno de los millones de personas que bailan en la calle durante el Carnaval de Río de Janeiro.

Pero sobre todo ha significado mirar a mi alrededor, ver que estaba en un lugar mágico, ya fuese Machu Picchu o esta pequeña cafetería de Colombia desde la que escribo, y sentirme agradecida por esta segunda oportunidad que he tenido de abrazar la vida de nuevo. Ha significado explorar, aprender, leer, creer; no dejar que la enfermedad mental se llevase mi vida; decidirme a escribir todo lo que pudiese para inspirar a otros luchadores del mundo. Concederme la posibilidad de sentir emociones reales: llorar o reír hasta que se me saltasen las lágrimas. Sentirme agradecida por cada persona que me ha ayudado a llegar donde estoy ahora, pero especialmente a mí misma, por no rendirme nunca.

Travel battling depression

Sé que no todo va a ser fácil a partir de ahora, no soy tan ingenua. Cuando viajamos parece que no tenemos responsabilidades y que toda nuestra vida está llena de atardeceres y cascadas que colgamos en Instagram, pero incluso a veces puede haber días malos y nadie te promete que tu cerebro te vaya a jugar una mala pasada durante un viaje. A mí no es la primera vez que mis malos pensamientos intentan amargarme el momento, desde algo tan simple como “te has equivocado de autobús” a pensar “este taxista es un lunático asesino”. Así es la naturaleza sin sentido de nuestra mente, y la mía encima es algo más frágil de lo normal, por lo que tengo que prestar especial atención a cómo me siento, ser honesta conmigo misma y vigilar si realmente estoy haciendo frente al problema. A veces pueden pasarte cosas bastante malas (yo he perdido las maletas, me han robado el móvil, algunos chicos me han tratado horriblemente mal, y cosas peores) pero es entonces cuando pongo en práctica todas las habilidades que he aprendido, como combatir mis pensamientos inútiles o tolerar la angustia a través de varias técnicas de autocontrol. Y es que viajar moldea el carácter: te lanza a situaciones extrañas y tienes que adaptarte rápidamente a los nuevos entornos.

A pesar de estar a miles de kilómetros de mi zona de confort, nunca me llegué a sentir lejos del todo gracias a Facebook, WhatsApp, Skype o el correo electrónico. En ningún caso viajar ha supuesto abandonar mi salud mental. De hecho evito darme atracones de alcohol o comida basura, tomo mi medicación, escribo un diario, mantengo mi cerebro ocupado aprendiendo y probando cosas nuevas para poder mantener la emoción de las pequeñas victorias. También pongo especial cuidado a la hora de decidir dónde duermo, siempre echo un vistazo a las opiniones de los hostels y juzgo si será un lugar adecuado para descansar, tener algo de tiempo para mí misma y a la vez conocer a gente guay. Y si encima el hostel tiene unos alrededores bonitos, una terraza en la azotea y ofrece clases de yoga, ¡mucho mejor!

Otro aspecto del que también soy muy consciente es que vivir aventuras, bailar, hacer turismo y viajar en definitiva, puede ser agotador. Ahora sé que no tengo que estar siempre al 100%, y que si quiero me pudo echar una siesta, relajarme o cargar las pilas. Procuro no estar muy ceñida a un plan porque a veces los planes no salen bien o porque mi mente cambia en el último minuto. Si no me encuentro bien se lo digo a los demás, porque eso ya de por sí es algo bueno. La mayoría de los viajeros son amables y abiertos, y eso es algo que también he apreciado con el tiempo. Lo más seguro es que no seas el único que se siente así y que la gente agradezca que rompas el hielo y hables abiertamente sobre tu salud mental, dando espacio a la sinceridad, que tantas veces es ignorada, y ofreciendo una oportunidad para compartir los sentimientos de cada uno.

Travelling helps to overcome depression

En mis viajes he conocido a personas extraordinarias que llevaban vidas aún más extraordinarias si cabe. Ellos me han abierto los ojos a un horizonte de posibilidades de cara al futuro y han despertado en mí las ganas de conocer a fondo cada sitio al que voy. Ahora puedo decir que vuelvo a amar la vida porque he vuelto a amar el mundo.

Sobre el autor

Emily Mulligan es una estudiante australiana que está cursando un Máster y actualmente está de prácticas en Sudamérica. Puedes seguir sus alocadas aventuras por el mundo en Instagram y contagiarte de su optimismo. @happily.travelling.

¿Has tenido que enfrentarte a problemas de salud mental y viajar te ha ayudado a superarlos? Nos encantaría conocer tu experiencia, así que no lo dudes y déjanos un comentario aquí debajo. Nunca se sabe, a lo mejor estás ayudando a otros luchadores ❤

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Sobre el autor

Silvia Cornejo

Catadora de Helados. Cantante profesional de Karaoke. Viajera empedernida. Soñadora full time. Bloguera part time. Instagram: @silcornejo

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2 Responses to “Cómo viajar me ayudó a superar la depresión y amar la vida de nuevo”

  1. Manuel.

    Considero que realizar un pequeño viaje de vez en cuando puede ser bueno para ti. No es necesario ir a otro país si es que no tienes el dinero suficiente “por ahora”. Consiste en estar abierto a nuevas aventuras, nuevas experiencias y salir de nuestra zona de confort.

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