¿Encontrarte a ti mismo en el sureste asiático?

¿Encontrarte a ti mismo en el sureste asiático?

Hoy vengo a contarte una historia que quizás te suene. Tenía 24 años cuando compré un billete para viajar a Indonesia. Aunque ya me había movido bastante por Europa, esta iba a ser la primera vez que viajara tan lejos de mi casa, ¡y además a un lugar tan exótico y especial!

Estaba ilusionadísima, pero mis ganas locas de montarme en el avión respondían a algo más que a la perspectiva de una nueva aventura por delante. Y es que, en aquel momento, por aquella época, hacía mucho tiempo que no me sentía nada bien. Pensándolo ahora, en retrospectiva, me doy cuenta de que estaba inmersa en lo que podríamos llamar una crisis existencial. Había terminado mis estudios universitarios hacía poco, el panorama laboral estaba que daba pena tras la crisis económica que lo arrasó todo y lo único a lo que parecía poder aspirar si quería trabajar de lo mío era a aceptar puestos de becaria por un sueldo miserable. Mi autoestima estaba por los suelos, necesitaba romper el bucle en el que se había convertido mi vida.

📷 @giuliciu

Pero ahora ya tenía una solución. Ese billete de avión me sacaría del agujero, porque el sureste asiático figuraba (y figura) siempre en las listas de los mejores destinos para encontrarse a uno mismo. ¡Voilà! Las cuentas de Instagram de los conocidos que ya habían estado allí lo confirmaban. Bali, pero también Tailandia, Filipinas, Vietnam, Camboya… Todos aparecían en las fotos de estos lugares sonrientes, bronceados, solos en playas paradisíacas, felices a la luz de atardeceres preciosos y salpicados por cascadas de ensueño. A mí me pasaría lo mismo. Llegaría allí y sería feliz, vería la luz. ¿Cómo iba a ser de otra forma, si viajaba al paraíso, lejos de mis problemas?

Supongo que ya adivinas que la cosa no fue exactamente así, ¿verdad?

Obviamente, me pegué un batacazo de campeonato. Me había creído a esos medios digitales, usuarios de foros viajeros, blogueros e instagramers que aseguraban que al viajar al sureste asiático uno conectaba enseguida consigo mismo y, al parecer, automáticamente se sentía mejor que nunca. Les creí, y me aferré a esa creencia como a un clavo ardiendo. Pero enseguida descubrí que lo que decían, al menos en mi caso, no era cierto.

Mis inseguridades, mis miedos y mi desosiego por no saber qué hacer con mi vida se habían venido de viaje conmigo, y ni aquello era tan maravilloso como decían (quizás lo fue antes de que lo convirtiéramos en un destino masificado), ni yo lograba conectar conmigo misma. Lejos de sentirme mejor, mi frustración y mi estado de ánimo empeoraron. Había quemado mi última carta, la opción premium a la que había confiado la solución de mis problemas. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué en los demás funcionaba y en mí no? ¿Es que ni yéndome a la otra punta del planeta podía huir de mis problemas?

En mi desespero por sentirme mejor me había creído que ese lugar que tan feliz parecía hacer a todo el mundo actuaría sobre mi malestar como por arte de magia, sin cuestionarme nada. Pero lo cierto es que – aunque el viaje puede ser parte del camino a conocerte a ti mismo, puede ayudarte- no es la solución per se.

📷 @giuliciu

Si se lo permites, un viaje te fuerza a salir de tu zona de confort, te da la oportunidad de descubrir otras costumbres y culturas, te permite conocer a todo tipo de personas, pone a prueba tus creencias. Si se lo permites, puede despojarte de tus roles habituales, por lo que puedes descubrir facetas de ti mismo que no conocías. Puede cambiar tu perspectiva y proporcionarte una mirada distinta sobre tu realidad, por el hecho de tomar distancia con ella. Pero para eso tienes que poner de tu parte.

He conocido a muchas personas que viajan como si siguieran en su casa. Sin apenas atreverse a probar comidas nuevas más allá del plato típico “imprescindible”, sin salir del circuito turístico, sin relacionarse con la gente local. Buscando hoteles de estilo occidental, poniéndose de los nervios ante sitios con más suciedad o bichos de los que están acostumbrados, preocupadas por hacerse todas las fotos de postureo en los puntos de rigor, sin soltar la Lonely Planet con los sitios “aptos” marcados. Son personas que viajan con miedo, que quieren mirar, pero no tocar. Que pueden decir que han estado, pero que en realidad no estuvieron.

Y yo, en ese viaje, fui una de ellas.

Por supuesto, pese a que es totalmente respetable viajar de esta forma, si pretendes que el viaje te aporte claridad, te haga crecer y evolucionar, esta no es la mejor manera.

Un viaje puede ser un taller intensivo de crecimiento personal si pones de tu parte para que lo sea, pero para que eso suceda debes trabajar activamente en tu proceso de autoconocimiento, bajar del altar del turista para mezclarte con la gente y, sobre todo, no crearte falsas expectativas. Justo lo contrario de lo que yo hice.

¿Las claves para lograr conectar con tu viaje y que te ayude en tu crecimiento personal?

  • Si puedes, viaja solo o sola, al menos en una ocasión. Es la mejor manera de salir de tu zona de confort, porque no tendrás a tu pareja o a tu amigo para refugiaros en vuestro mundo y tarde o temprano te verás obligado a interactuar con desconocidos.
  • Busca momentos de silencio para conectar con tus pensamientos. No tengas miedo a enfrentarte a ellos. Escúchate.
  • No te cierres a conocer a gente. En ellos, en los desconocidos que están a punto de dejar de serlo es donde está el verdadero potencial del viaje. Alojarte en un hostel es una opción que te facilitará mucho este punto, ya que la mayoría tienen espacios comunes donde siempre encontrarás con quién charlar. Además, suelen organizar actividades pensadas para que los huéspedes interactúen entre ellos.
  • No te crees demasiadas expectativas y céntrate en disfrutar del viaje, de los pequeños momentos mágicos que te ofrece, de la gente a la que conozcas. Se trata de estar presente, de viajar con consciencia.
  • Si una actividad o un lugar no te gusta o no estás cómodo, cambia de sitio. No te sientas obligado a que te guste algo concreto solo porque tu guía diga que es imprescindible. No todos tenemos los mismos gustos, e intentar encajar en el de los demás solo te hará sentir mal.
  • Las fotos en los puntos icónicos del lugar no son obligatorias. De verdad, nadie va a revisar tu Instagram ni te quitará puntos si no fichas en el sitio típico.

📷 @giuliciu

A día de hoy, y después de la lección que acabé aprendiendo tras reflexionar a mi vuelta de Indonesia, puedo decir que viajar no solo es una de mis actividades favoritas, sino que también es una de las que más me ha ayudado en mi proceso de desarrollo personal.

Pero ahora tengo claro que merece la pena disfrutar del viaje sin depositar en él expectativas vitales poco realistas que pueden llegar a hacer que un lugar nos decepcione. Viajar te puede ayudar, pero no va a solucionártelo todo, porque las respuestas ya están en ti. Solo tienes que crear o encontrar el ambiente adecuado para poderte escuchar de verdad. Y si ese ambiente lo encuentras viajando, genial, pero no le pases toda la responsabilidad al viaje.

Y tú, ¿te identificas con mi historia? ¿Te ha pasado algo parecido alguna vez? ¿Has hecho algún viaje que no haya resultado como tú esperabas?

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📚Sobre la autora 📚

 

Mariona Sanz

Mariona Sanz (Barcelona,1989). Periodista y escritora mediterránea. Viajo lento y escribo sobre desarrollo personal, educación emocional y feminismo. Sobre mi mesa, ahora mismo, dos proyectos: el documental Voices of Skjálfandi y MarionaSanz.com. Instagram @sanzmerions

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Sobre el autor

Mariona Valencia

♊️☀️♓️🌙♏️⬆️ Some call me Mariona, others call me #HostelworldInsider because I'm a Social and Content Executive at Hostelworld. On my insta @marionavalencia I pretend I like to travel so that I don't lose my job.

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