El movimiento “slow travel” o cómo viajar sin prisas

El movimiento “slow travel” o cómo viajar sin prisas

¿Has escuchado alguna vez hablar del “slow travel”? Por si no lo conoces, slow travel es el nombre con el que se denomina a todo un movimiento en el mundo de los viajes que ha surgido en los últimos años. Es un movimiento que aboga por viajar despacio, por viajar sin prisas, por escapar de la tiranía de la velocidad, y reconectar para volver a disfrutar de nosotros mismos y del lugar por el que viajamos.

Y es que estoy segura que, si eres un ávido viajero, alguna vez habrás sentido ese estrés de viajar con una larga lista de cosas que ver y que hacer. Como si pareciera que en lugar de irte de viaje o de vacaciones, te vas con un nuevo reto que conseguir: ver la máxima cantidad de sitios y los máximos lugares en el menor tiempo posible. Todo para sacarte una foto en cada uno de ellos y luego compartirla en tus redes sociales. Presumiendo así de una lista gigante de puntos por los que en realidad pasaste corriendo y con prisas, cuando de lo máximo que te enteraste es de lo que decía el folleto turístico, si es que lo leíste mientras ibas en el autobús.

Pero te pregunto, ¿qué es viajar? ¿tachar todos los lugares de esa lista? ¿visitar todos los puntos que te recomienda la guía de viajes? ¿o conocer realmente un lugar y un país nuevo? ¿Conocerte a ti mismo en otros paisajes, con otros acentos, en otras culturas y dejarte ser con el lugar y el paisaje?

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Callejeando por Cuba 📷 Lápiz Nómada

El movimiento slow y el slow travel:

Por eso, en contra a estos viajes organizados y a los itinerarios apretados, ha surgido el concepto de slow travel o viajar sin prisas. El movimiento “slow” nació en Italia a finales de los 80 como reacción a los fast food. En un principio fue un movimiento que reivindicaba la vuelta a la comida tradicional, la comida local, los orígenes.

Poco a poco el movimiento se fue expandiendo y no sólo se utilizó para contraponerse a la tiranía de las hamburguesas y la comida rápida. Se convirtió en una forma de vivir, llegando a crearse incluso ciudades enteras que abogaban por una forma de vivir sin prisas, con calma, aprendiendo a saborear de nuevo la vida pausada y reaprendiendo a disfrutar de cada uno de los momentos, en lugar de ir corriendo como pollo sin cabeza por la vida, siempre corriendo, siempre con prisas, como si nos fueran a dar una medalla por ser los primeros en llegar.

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Agra do Heroísmo, archipiélago de Azores 📷 Lápiz Nómada

Huyendo de los viajes organizados y los itinerarios apretados:

Y ahora ese concepto se ha expandido a los viajes. En contraposición al turismo que persiguen los viajes en masa y la mayoría de viajes organizados, en donde se nos ofrece un itinerario totalmente cerrado que trata de abarcar la máxima cantidad de lugares y monumentos en un tiempo realmente ajustado.

Madrugar, desayunar con prisas, subirse al autobús, visitar un monumento, un museo, volver a subirse al autobús, visitar una plaza, unas calles relevantes. Comer, volver a subirse al autobús y visitar un par de cosas más antes de la hora o el par de horas libres antes de cenar, tomarse una copa y agotado, irse a dormir para repetir otra jornada trepidante de cosas por visitar al día siguiente. Y que no se te olvide la foto de rigor en cada uno de esos lugares para poder compartirlas en las redes y enseñarlas a la vuelta, porque sino, sería como si no hubieses estado.

Y resulta que cuando vuelves de vacaciones vuelves casi más cansado de lo que te habías ido, medio mareado de todo lo que has visto y sin entender del todo qué es lo que has visto ni por qué. Por supuesto no te has empapado de la cultura, apenas has hablado con los locales y ni siquiera has tenido tiempo a perderte un día por las calles o dedicar una jornada completa a explorar sin más intención que dejarte llevar.

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Agra do Heroísmo, archipiélago de Azores 📷 Lápiz Nómada

Casi todos hemos hecho algún viaje así. La comodidad de tenerlo todo planeado y no tener que preocuparse ni perder tiempo organizando ha hecho que este tipo de viajes sean cada vez más frecuentes. Paquetes turísticos a buenos precios que ofrecen la posibilidad de ver una lista interminable de cosas a un precio asequible y en un tiempo más corto del que posiblemente seríamos capaces de ver por nuestra cuenta.

Hace poco estuve una semana en Lanzarote con unas amigas, y entre mis ganas de viajar sin prisas o lo que hoy se llama slow travel y la gigante lista de cosas por hacer que nos había preparado una de mis amigas, tuvimos una previsible tensión. Yo quería dedicar esos días a disfrutar de la playa, del tiempo libre, de la barbacoa que tenía nuestro alquiler, de la posibilidad de conducir sin destino definido y de pueblear a ver qué era lo que la isla nos podía ofrecer. Ana en cambio, quería ir tachando todas las cosas que se supone que había que ver y que hacer.

Hace unos meses también me llegó un email de una chica que quería dar la vuelta al mundo en tres meses. ¡Tres meses para dar la vuelta al mundo! Quería visitar Perú, Argentina, Nueva Zelanda, Bali, Kuala Lumpur, Singapur, Japón, Vietnam, Camboya, Tailandia, Myanmar, India, Capadoccia, Petra, Egipto y Marruecos en tres meses. Hice la cuenta y eso significaba que planeaba estar unos 5 días por país antes de volar al siguiente país para visitar lo más importante de la lista y volver a meterse a un avión de nuevo.

Claramente, con un viaje así, poco es lo que se puede llegar a conocer de cada país. Sí, puedes hacer un viaje agotador lleno de aviones y autobuses para conseguir sacarte la foto en cada lugar obligatorio y poder volver luego diciendo que has dado la vuelta al mundo y recitando la lista de lugares, como si fueras el héroe de los 7 mares.

La realidad es que habrás gastado un montón de dinero en transporte, habrás hecho un viaje que te habrá dejado mareado y sin respiración y difícilmente te habrás enterado de cómo funciona cada país, de cuáles son las distintas formas de vida de sus habitantes. Qué piensan sobre política, sobre educación, cómo pasan el tiempo libre y si hacen sobremesa o no después del almuerzo. Si toman café solo, con leche, té con menta o echan la siesta.

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Milán, 📷 Lápiz Nómada

Qué significa el slow travel o cómo viajar sin prisas:

Por eso, en contraposición a este tipo de viajes, cada vez está cogiendo más fuerza el concepto de slow travel. Viajar sin prisas. Viajar disfrutando y empapándote de cada lugar, del tiempo de descanso, de la contemplación del paisaje, de los sabores de la comida local, de los olores de las calles, las especias, la flora del lugar. De sus costumbres y tradiciones. Como dicen en la página del movimiento Slow Travel de España:

“Los viajes slow son cercanos al estilo mochilero que busca, por encima de visitar las ciudades, descubrirlas, disfrutarlas, sorprenderse y, consecuentemente, integrarse en ellas.”

No hace falta todo el tiempo del mundo para hacer un viaje “slow”, aunque sería ideal. Lo que hace falta es no viajar con prisas el tiempo que vayamos a estar. Permitirnos viajar despacio, huyendo de los viajes organizados, evitando apretados itinerarios y escapando de la tiranía de las listas de las cosas que ver y que hacer. Si tenemos tres meses, es mejor dedicarlos a tres o a cuatro países antes que pretender dar la vuelta al mundo.

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Zipolite, México 📷 Lápiz Nómada

Viajar en transporte local, viajar por tierra en lugar de volar de un sitio a otro, aprender a diferenciar los cambios en el paisaje, en el acento, en la forma de vestir. Mimetizarnos con el viaje, la cultura y el paisaje. Permitirnos disfrutar sin sentir que hay una meta a la que debemos llegar. Más vale visitar solo dos o tres sitios en 10 días que 10 a prisas.

Dejar tiempo para la improvisación y el tiempo libre de verdad. Interesarnos por lo local, hacer planes locales, movernos en los transportes clásicos en lugar de en los transportes para turistas. Meternos en los restaurantes y tascas locales para probar los platos típicos, huir de los fast food o los restaurantes de comida internacional. Alojarnos en casas rurales, hostales llevados por gente local o casas de alquiler en lugar de grandes hoteles llenos de extranjeros con decoración uniforme de estilo occidental.

En definitiva, viajar sin prisas, viajar permitiéndonos disfrutar. Del paisaje, la cultura, la comida y de nosotros mismos durante el tiempo que vayamos a estar de viaje. Acumular momentos y experiencias especiales, anécdotas e historias personales en lugar de fotos de postal. Que las fotos de tu viaje a la vuelta te signifiquen algo, esa tarde en la que te perdiste tratando de encontrar el lago o paseando por el casco antiguo, la mañana que conociste a ese señor que te explicó cómo llegar o te contó sobre la fiesta del lugar, el día que decidiste hacer un plan improvisado con otros viajeros. Así, las fotos que tomes, significarán algo, en lugar de preguntarte a la vuelta qué día era y dónde estaba ese monumento que aparece en la foto que no te dice nada ni sabes ni recuerdas por qué estaba ahí, aunque aparezca detrás de ti en la foto.

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Nápoles 📷 Lápiz Nómada

5 consejos para viajar sin prisas:

Por eso, si tú también quieres sumarte al movimiento del “slow travel”, apunta estos consejos para disfrutar al máximo de tu próximo viaje en lugar de ir corriendo hacia ninguna parte:

1. Huye de los viajes organizados, olvídate de apretados itinerarios y de listas gigantes de cosas por hacer.

Está claro, los tours y los viajes organizados están muy lejos del “slow travel”. Sí, visitarás un montón de lugares en muy poco tiempo, pero no sólo no te dará tiempo a descansar, sino que volverás más cansado de lo que habías partido. Así que organiza el viaje por tu cuenta y trata de viajar en transporte local y hacerlo por tierra.

2. Quédate varios días en cada lugar y a poder ser en alojamientos autóctonos.

Es difícil conseguir apreciar la esencia y la idiosincrasia de un lugar si sólo te quedas una noche. En un día apenas te dará tiempo a ver los sitios principales y te irás sin haber captado la esencia real. Cuantos más días te quedes, más podrás apreciar los pequeños detalles y dedicar tiempo a explorar. Si además te alojas en establecimientos locales gestionados por gente del lugar podrás disfrutar mucho más que si lo haces en grandes hoteles de ambiente y decoración occidental.

3. Escucha los consejos de los locales y deja tiempo en tu viaje para interaccionar con la gente del lugar.

Las guías de viaje están muy bien y suelen ser de gran utilidad, pero los mejores guías siempre serán los locales. Son ellos los que te pueden recomendar los mejores lugares, los que te dirán cuáles son los platillos típicos y cuál es el mejor lugar para comer. “Allí donde vas haz lo que vieras” dice el refrán, así que si quieres experimentar el “slow travel”, déjate aconsejar por los locales.

4. Permítete perderte y explorar.

Viajar es dejarse sorprender. Salir de la zona de confort, enfrentarse a cosas nuevas. Por eso, permítete perderte, explorar. Sal a caminar y déjate sorprender por una cornisa, un punto que te maravilla y que no aparece en las guías o ese pequeño parque lleno de encanto al que sino posiblemente no hubieses llegado.

5. Disfruta del tiempo y de cada momento.

Vivimos con prisa, corriendo siempre hacia ninguna parte, agobiados por esa lista gigante de cosas por hacer que nunca deja de crecer. Así que aprovecha el viaje para disfrutar del tiempo libre, para disfrutar de ti, de un buen desayuno, de un café, de un buen libro o de sentarte en un banco en una plaza o en un bordillo a sólo ver la vida pasar y disfrutar.

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Sobre la autora:

Andrea Bergareche es creativa de profesión y viajera por vocación. En 2012 se fue por primera vez sola a México, a hacer un año de intercambio de su carrera de artes y desde entonces se enganchó a viajar. En 2015 emprendió su primer viaje largo en solitario como mochilera. Un viaje que en un principio iba a durar dos meses y que terminó durando siete y en el que fue desde Argentina hasta a Colombia sola y a dedo, tatuando y pintando mientras tanto.

Desde entonces no ha dejado de viajar. En su blog Lápiz Nómada anima a las mujeres a viajar solas y a hacerlo con creatividad. Puedes seguir sus próximos viajes en Facebook, Instagram y Twitter.

 

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Sobre el autor

Silvia Cornejo

Catadora de Helados. Cantante profesional de Karaoke. Viajera empedernida. Soñadora full time. Bloguera part time. Instagram: @silcornejo

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